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, XVIII, 32, (2018). ISSN 1695-6214 © Ana Pujol-Soliano, 2018
P á g i n a
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posible histerismo de la mujer. Clara Campoamor se opuso a la enmienda por
“improcedente” y la calificó de “broma soez”.
La otra enmienda la presentó el diputado por Las Palmas, Rafael
Guerra del Río y pretendía posponer el voto femenino a una futura Ley
electoral: “La enmienda solo tiene alcance de que el voto concedido a la
mujer sea estampado en una ley electoral, ley electoral que las Cortes de la
República puedan derogar cuando lo tengan por conveniente, cuando crean
que pueda ser un peligro para la República”. Fue rechazada por 158 votos en
contra y 93 a favor.
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El debate del día siguiente, 1 de octubre, lo inició Victoria Kent diciendo
que sin negar la capacidad de las mujeres, antes de emitir su voto,
necesitaban unos años de preparación y de educación hasta llegar a
reconocer los beneficios de la República: “Mientras las escuelas no realicen
su función las mujeres no podrán intervenir en política con eficacia y con
fruto”.
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Continuando con su discurso, Victoria fue enumerando las causas del
porqué pedía el aplazamiento: “En este momento vamos a dar o negar el voto
a más de la mitad de los individuos españoles y es preciso que las personas
que sienten el fervor republicano, el fervor democrático y liberal republicano,
nos levantemos aquí para decir: es necesario aplazar el voto femenino. Y es
necesario Sres. Diputados aplazar el voto femenino, porque yo necesitaría
ver, para variar de criterio, a las madres en la calle pidiendo escuelas para
sus hijos; yo necesitaría haber visto en la calle a las madres prohibiendo que
sus hijos fueran a Marruecos; yo necesitaría ver a las mujeres españolas
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Ibídem.
Pg. 97
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Diario de Cortes 1 de octubre de 1931.