Página 29 - Historia Digital

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Historia Digital
, XVIII, 32, (2018). ISSN 1695-6214 © Ana Pujol-Soliano, 2018
P á g i n a
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República, el fruto de esta República en la que se está laborando con este
ardor y con este desprendimiento, cuando la mujer española se dé cuenta de
que sólo en la República están garantizados los derechos de ciudadanía de
sus hijos, de que sólo la República ha traído a su hogar el pan que la
monarquía no les había dejado, entonces, Sres. Diputados, la mujer será la
más ferviente, la más ardiente defensora de la República; pero, en estos
momentos, cuando acaba de recibir el Sr. Presidente firmas de mujeres
españolas que, con su buena fe, creen en los instantes actuales que los
ideales de España deben ir por otro camino, cuando yo deseaba
fervorosamente unos millares de firmas de mujeres españolas de adhesión a
la República (La Srta. Campoamor: Han venido.), cuando yo deseaba miles
de firmas y miles de mujeres en la calle gritando "¡Viva la República!" y "'Viva
el Gobierno de la República!", cuando yo pedía que aquella caravana de
mujeres españolas que iban a rendir un tributo a Primo de Rivera tuviera una
compensación de estas mismas mujeres españolas a favor de la República,
he de confesar humildemente que no la he visto, que yo no puedo juzgar a las
mujeres españolas por estas muchachas universitarias que estuvieron en la
cárcel, honra de la juventud escolar femenina, porque no fueron más que
cuatro muchachas estudiantes. No puedo juzgar tampoco a la mujer española
por estas obreras que dejan su trabajo diariamente para sostener, con su
marido, su hogar. Si las mujeres españolas fueran todas obreras, si las
mujeres españolas hubiesen atravesado ya un periodo universitario y
estuvieran liberadas en su conciencia, yo me levantaría hoy frente a toda la
Cámara para pedir el voto femenino. (Muy bien.- Aplausos.)
Pero en estas horas yo me levanto justamente para decir lo contrario y
decirlo con toda la valentía de mi espíritu, afrontando el juicio que de mí