Página 34 - Historia Digital

Versión de HTML Básico

Historia Digital colabora con la
Fundación ARTHIS
Historia Digital
, XVIII, 32, (2018). ISSN 1695-6214 © Ana Pujol-Soliano, 2018
P á g i n a
| 40
detentado, porque os disteis a vosotros mismos las leyes; pero no porque
tengáis un derecho natural para poner al margen a la mujer.
Yo, señores diputados, me siento ciudadano antes que mujer, y
considero que sería un profundo error político dejar a la mujer al margen de
ese derecho, a la mujer que espera y confía en vosotros; a la mujer que,
como ocurrió con otras fuerzas nuevas en la revolución francesa, será
indiscutiblemente una nueva fuerza que se incorpora al derecho y no hay sino
que empujarla a que siga su camino.
No dejéis a la mujer que, si es regresiva, piense que su esperanza
estuvo en la dictadura; no dejéis a la mujer que piense, si es avanzada, que
su esperanza de igualdad está en el comunismo. No cometáis, señores
diputados, ese error político de gravísimas consecuencias. Salváis a la
República, ayudáis a la República atrayéndoos y sumándoos esa fuerza que
espera ansiosa el momento de su redención.
Cada uno habla en virtud de una experiencia y yo os hablo en nombre
de la mía propia. Yo soy diputado por la provincia de Madrid; la he recorrido,
no sólo en cumplimiento de mi deber, sino por cariño, y muchas veces,
siempre, he visto que a los actos públicos acudía una concurrencia femenina
muy superior a la masculina, y he visto en los ojos de esas mujeres la
esperanza de redención, he visto el deseo de ayudar a la República, he visto
la pasión y la emoción que ponen en sus ideales. La mujer española espera
hoy de la República la redención suya y la redención del hijo. No cometáis un
error histórico que no tendréis nunca bastante tiempo para llorar; que no
tendréis nunca bastante tiempo para llorar al dejar al margen de la República
a la mujer, que representa una fuerza nueva, una fuerza joven; que ha sido
simpatía y apoyo para los hombres que estaban en las cárceles; que ha
sufrido en muchos casos como vosotros mismos, y que está anhelante,