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Historia Digital
, XVIII, 32, (2018). ISSN 1695-6214 © Ana Pujol-Soliano, 2018
P á g i n a
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Cuando estalló la revolución de Jaca en 1930, Clara Campoamor
asumió la defensa de algunos de los implicados, entre los que se encontraba
su hermano Ignacio. Su voz sonó con estruendo contra el fusilamiento de los
procesados como exigía el ejército. Pero el cambio de suerte de sus
defendidos se produjo con la repentina caída de la Monarquía ya que,
algunos de ellos, entraron a formar parte del gobierno provisional de la
República, proclamada el 14 de abril de 1931.
El 9 de mayo, el nuevo gobierno promulgó un decreto por el que se
modificaba la ley electoral vigente desde 1907; rebajaba la edad de los
votantes a los 23 años pero dejaba a las mujeres fuera del derecho a voto
con una novedad; podían ser diputadas. Es decir las mujeres eran elegidas
pero no electoras.
A pesar de que Clara militaba en la Acción Republicana de Azaña
desde 1929, el partido le negó un puesto en las listas electorales de las
elecciones constituyentes que se celebrarían el 28 de junio del 31. Ante la
disyuntiva de no tener opción a participar en las Cortes republicanas, Clara se
pasó al partido Radical de Lerroux que la inscribió en sus listas y esto le
permitió salir elegida como diputada por Madrid. Este partido formaba parte
de la Unión Republicana-Socialista que fue la vencedora de las elecciones.
La primera y principal misión de las nuevas Cortes era la de elaborar
una nueva Constitución. Clara pidió a su partido formar parte de la Comisión
de Constitución compuesta por 21 diputados. Tenía un gran interés en
participar en los debates sobre temas de fundamental importancia para el
futuro de las mujeres y de los niños. Su contribución fue incesante y clave
para elaborar los artículos relacionados con los derechos de las mujeres.