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Historia Digital
, XVIII, 32, (2018). ISSN 1695-6214 © Ana Pujol-Soliano, 2018
P á g i n a
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de muchas de las españolas de entonces, los parlamentarios de izquierda se
encontraban divididos en esta cuestión lo que dio lugar a un ardiente
enfrentamiento entre los republicanos y los socialistas.
La gran batalla se produjo en la sesión de las Cortes del 1 de octubre.
Ese día Clara Campoamor se enfrentó sola a todo el Congreso, el Partido
Radical, su partido, la había abandonado. Gracias a su brillante retórica y con
el apoyo de los socialistas, de los partidos de derechas, de la minoría
catalana y de algunos parlamentarios de su propio partido logró que
finalmente fuera aprobado el artículo 36 de la Constitución por 161 votos a
favor y 121 en contra, que decía lo siguiente: ”Los ciudadanos de uno y otro
sexo, mayores de veintitrés años, tendrán los mismos derechos electorales”.
Años más tarde en su obra
El voto femenino y yo . Mi pecado mortal
expresó crudamente lo que había tenido que soportar para conseguir el voto
de las mujeres: “Aislada de todos mis correligionarios y mis afines en ideas
en la Cámara, combatida con animosidad por todos, a veces sospeché que
odiada por todos, sostenida tan solo por la minoría socialista y por algunas
personalidades aisladas, sufría arañazos o heridas en el trance, pero logré
ver triunfante mi ideal. Todo lo doy por bien sufrido”.
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Ante la sospecha de la influencia de la Iglesia, como se venía temiendo
desde los partidos de izquierdas, en noviembre de 1931, Clara Campoamor
había fundado la Unión Republicana Femenina. Esta organización política
tenía como fin preparar a la mujer para el ejercicio de sus deberes cívicos,
activos y pasivos en defensa de la República, mediante cursos y conferencias
sobre temas políticos y de cultura en general. La revista
Mundo Femenino
,
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Campoamor, Clara.
El voto femenino y yo. Mi pecado mortal
. Pg. 189