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, XVIII, 32, (2018). ISSN 1695-6214 © Ana Pujol-Soliano, 2018
P á g i n a
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dirigida por Benita Asas, también contribuyó a impulsar la conciencia política
de las mujeres.
En noviembre de 1933 se celebraron las segundas elecciones
generales de la España republicana, las primeras en las que las mujeres
podían votar. Los resultados de estos comicios dieron la victoria a una
coalición de partidos de derechas y católicos que se integraron en la CEDA.
Clara tuvo que hacer frente a numerosos ataques de los partidos
republicanos. Fue, también, vilipendiada por la prensa que achacaba este
fracaso al voto femenino.
Cuando perdió su escaño, Alejandro Lerroux le ofreció el puesto de
Directora General de Beneficencia. Su nombramiento tuvo lugar en diciembre
pero duró apenas un año en el cargo. Dimitió en octubre del 34 cuando
Lerroux pactó con la CEDA para formar gobierno.
Ese mismo año tuvo lugar la revolución de Asturias y Clara partió hacia
Oviedo para socorrer a los hijos de los mineros muertos o encarcelados. La
dura represión contra los rebelados hizo que Clara abandonase el Partido
Radical.
Solicitó el ingreso en Izquierda Republicana, partido que había surgido
de la fusión de Acción Republicana de Azaña y Radical Socialista de Victoria
Kent, pero le negaron la entrada con la escusa de que había escrito contra
Azaña, hecho que nunca se pudo demostrar. Y finalmente ante la inseguridad
que reinaba en el Madrid del 36, Clara decidió abandonar su país.
En París, publicó el que fuera su testamento político:
La revolución
española vista por una republicana.
A pesar de su decepción ante la
actuación de muchos políticos republicanos, siempre se mantuvo fiel a la
República a la que calificó como “hermoso movimiento pacifista y
plebiscitario de 1931”. Sin embargo acusó al gobierno de Madrid de haberse