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, XIX, 34, (2019). ISSN 1695-6214 © José D. Mendoza, 2019
P á g i n a
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Luis XIV auspició el Primer Tratado de Partición, firmado en La Haya
en 1698, a espaldas de España, según el cual a José Fernando de Baviera se
le adjudicaban algunos reinos peninsulares, quedando el Milanesado para el
Archiduque Carlos y Nápoles, Sicilia y Toscana para el Delfín de Francia. El
problema fue que José Fernando murió prematuramente en 1699, lo que llevó
al Segundo Tratado de Partición también a espaldas de España, bajo el cual
el Archiduque Carlos era reconocido como heredero, pero dejando todos los
territorios italianos de España a Francia. Aunque Francia, Holanda e
Inglaterra estaban satisfechas con el acuerdo, Austria no lo estaba y
reclamaba la totalidad de la herencia española.
Un mes antes de su muerte, Carlos II testó a favor de Felipe de Anjou
(Salas, 2004: 24), estableciendo una cláusula por la que Felipe tenía que
renunciar a la sucesión de Francia. A su muerte, Luis XIV respaldó el
testamento. Todos los soberanos menos el Emperador Leopoldo,
reconocieron al Felipe de Anjou como heredero; Holanda e Inglaterra se
aproximaron al Emperador Leopoldo y se comprometieron a otorgar la
sucesión de España al Archiduque Carlos. En 1701 se formó una coalición
internacional mediante la firma de un tratado en La Haya, que se denominó la
Segunda Gran Alianza, y estaba formada por Austria, Inglaterra, las
Provincias Unidas de los Países Bajos y Dinamarca, y declaró la guerra a
Francia y España en 1702. Portugal y Saboya se unieron a la alianza en
1703. La situación llevó a la guerra que se libró en el interior de España
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, a la
que se le sumó una guerra civil entre la Corona de Aragón, partidaria del
Archiduque quien había ofrecido garantías de mantener el sistema federal y
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Andalucía estaba considerada como una plaza clave para penetrar en lugares significativos e
importantes como Cádiz y Sevilla.