Página 14 - editorial

Versión de HTML Básico

Historia Digital colabora con la
Fundación ARTHIS
Historia Digital
, XVII, 30, (2017). ISSN 1695-6214 © Mariano Caballero Espericueta, 2017
43
estaba enfermo. El ejército estaba carente de moral, los empleados estatales
seducidos por la corrupción y se estaba perdiendo la antigua
virtus
romana que
conlleva la razón, el deber, el honor y la integridad.
Desde el punto de vista jurídico
, intentó poner en marcha una
revitalización del derecho romano antiguo, poniendo en valor textos jurídicos de
difícil interpretación. Adoptó una reducción en el número de agentes
in rebus
y
notarios y una ostensible simplificación del protocolo de la corte. Juliano intento
revitalizar la figura del Senado y, como ya habíamos dicho, acudía, siempre
que podía, a las convocatorias del Senado de la Ciudad en la que permanecía.
Intentaba con ello, atribuir mayores competencias a un estamento
prácticamente testimonial, otorgando a los senadores mayor peso en las
decisiones, como ocurrió en el caso de Constantinopla.
Aunque Ammiano Marcelino le reprochase su edicto sobre los maestros
cristianos (Edicto
De Profesoribus
), en el
terreno educativo
tuvo la misma
sinceridad que en otros casos. En su epístola Restos del Edicto sobre la
Educación, incluye esta reflexión “…El que piensa una cosa y enseña otra a
sus alumnos me parece que está tan lejos de la auténtica educación como de
la honradez. Si lengua y pensamiento no estuvieran de acuerdo en las cosas
de poca importancia, sería un mal, pero tolerable hasta cierto punto. Por el
contrario, enseñar en materias de importancia lo contrario de lo que se cree,
¿no es acaso hacer de traficante y no de persona honrada? ¿No supone vivir
como esas gentes miserables que recomiendan más lo que tienen en menos,
engañando y halagando con sus elogios a los que quieren endosar, pienso yo,
sus malas mercancías?...”. En la misma carta, deja muy claro su pensamiento
en materia educativa con una reflexión final: “…Para profesores y maestros
ésta es la ley común. Pero yo no prohíbo la entrada en las escuelas a los
jóvenes que quieran frecuentarlas. Pues no sería natural ni lógico cerrar el
buen camino a los niños que no saben todavía a dónde encaminarse, y ella por
miedo a hacerles seguir las creencias de nuestros antepasados en contra de su
voluntad. A pesar de que sería justo, como se hace con los locos, curarles así,