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, XVIII, 31, (2018). ISSN 1695-6214 © Jesús María Garayo Urruela, 2018
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recuperó en 1914 la labor docente, aunque esto sucedió en la Universidad de
Madrid, en donde permaneció hasta su jubilación en 1936 como catedrático de
Historia de las Instituciones Políticas y Civiles de América.
4. Moderna concepción de las relaciones campo-ciudad: turismo en
los espacios protegidos (1921).
La atención por los temas agrarios en la fase ya avanzada de la segunda
etapa madrileña (1914-1936) se canalizó por las políticas de desarrollo rural en
las zonas declaradas espacios protegidos Por estos años, simultaneó las
responsabilidades de catedrático con la participación activa en Centro de
Estudios Históricos de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones
Científicas, el desembarco en la vida política (senador en los años 1916, 1919
y 1923 por la Universidad de Valencia) y el ejercicio de juez internacional del
Tribunal de la Haya, órgano dependiente de la Sociedad de Naciones. El
ámbito geográfico de desarrollo de su trayectoria profesional e intelectual
alcanzó en esta etapa una dimensión manifiestamente internacional, tras el
desencadenamiento de la Primera Guerra Mundial. La producción creativa
descendió y, en cambio, aumentaron las actividades de publicista (Asín, 1987,
pp. XV-XVI). Precisamente, la aportación a los temas agrarios discurrió por un
breve texto publicado en formato de artículo, en el que reprodujo experiencias
vividas desde la etapa juvenil en el marco de la importancia concedida por el
institucionismo al paisaje, a la práctica excursionista y a la protección de la
naturaleza.
El movimiento institucionista cuestionó multiples aspectos de la
organización sociopolítica, pero también, las formas de vida de la sociedad de
su tiempo. Los institucionistas, desde esta perspectiva, promovieron un
acercamiento al entorno natural, en el que por medio de una concepción
moderna del paisaje, perseguían satisfacer intereses científicos, placeres
estéticos y fines éticos. La pasión por disfrutar del paisaje les condujo a buscar
el contacto directo y emocional con los espacios abiertos, manifestada en la
afición por las visitas al campo y las salidas a la montaña, en los que el “roce