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, XVII, 30, (2017). ISSN 1695-6214 © Mariano Caballero Espericueta, 2017
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Galia. El 28 de septiembre de 352, tras la batalla de Mursa, quedaba en manos
del “divino emperador” Constancio II la totalidad del imperio.
Pero, ¿qué ocurrió años antes en Constantinopla?. Constancio, víctima
de su desconfianza hacia todo posible pretendiente al trono imperial, sostuvo la
existencia de un complot instigado por los hijos de Teodora, esposa de
Constancio Cloro. Fue en septiembre de 337 cuando Constancio ordenó la
purga familiar y asesinó, entre otros, al padre de Juliano
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. Sólo se respetó la
vida de los hijos menores de Julio Constancio; Flavio Claudio Juliano y Flavio
Claudio Constancio Galo, su hermanastro. Esta decisión debe asociarse a la
corta edad de ambos —seis y doce años de edad respectivamente— y a su
decisión de controlarlos mediante cautiverio y exilio.
Gracias a la decisión del emperador, Galo y Juliano se trasladaron a
Nicomedia junto al obispo Eusebio permaneciendo bajo su protección cinco
años. Acompañado por Mardonio, un eunuco que había sido preceptor de su
madre, Juliano pronto se interesó por la tradición filosófica griega, recibiendo
igualmente una educación esmeradísima. Si bien Juliano mantuvo una relación
distante con su protector Eusebio, siempre le proporcionó protección y el
contacto con la cultura a través de los mejores maestros, y así continuó cuando
Eusebio fue nombrado en 340 obispo de Constantinopla. En esta época Juliano
tomó contacto con el cristianismo y se interesó por las disputas entre ortodoxos
y arrianos.
A los 11 años juliano volvió a sufrir una desafortunada situación
personal: Eusebio falleció súbitamente y los hermanos fueron trasladados a la
residencia imperial de Macelo por orden del augusto. Esta vez se hizo cargo de
ambos Jorge, obispo de Capadocia, y fue aquí donde los jóvenes se reunieron
con Constancio II quien tras una visita al palacio decidió los destinos de ambos
2
Constancio ordenó asesinar a sus dos primos césares Dalmacio y Anibaliano —cargo inferior
al de augusto y presumiblemente sucesores de los augustos— a su tío Dalmacio (el padre
de éstos) y al antedicho Julio Constancio, ambos hermanos del emperador fallecido. El
imperio quedaba a su merced.