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Año XXII, Número 40, julio 2022
           Depósito Legal M-34.164-2001

                 ISSN 1695-6214
                                                              Historia Digital colabora con la Fundación ARTHIS



                            “…  que  la  primera  vez  que  tuvo  contactos  con  dichos  elementos  (referido  a  los
                    guerrilleros) lo fue sobre el mes de febrero o marzo en que se presentaron en su casa con su
                    convecino Urbano Mahillo, alias ‘El Chato o Suizo’, para decirle que le traía un encargo de los
                    de la sierra con el fin de que les comprara en Plasencia mudas interiores y pantalones de
                    pana, por lo que aquella misma noche, se puso de acuerdo con ‘El Fugitivo’, para hacer las

                    compras,  como  así  hicieron,  encargos  que  entregaron  en  el  arroyo  de  las  Chorreras,  en
                    donde les esperaban los rebeldes ‘Mora’, ‘Durruti’, ‘Tranquilo’, ‘Ligero’, ‘Sobrino’ y algún otro
                    que entonces no conocía; que los encargos consistieron en un jamón, quince o veinte panes,
                    azúcar,  café,  ropas  interiores,  y  otros  efectos  que  no  recuerda,  que  transcurridos  cuatro  o
                    cinco días, se presentó en su domicilio el rebelde ‘Pinto’, acompañado de ‘El Fugitivo’, el cual
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                    les entrego una lista de encargos…” .
                           Lo expuesto constituye una clara muestra de lo importante que era el

                    apoyo popular para la resistencia antifranquista. Constituía lo que se ha dado

                    en llamar la “guerrilla del llano”, verdadero cordón umbilical del guerrillero con
                    el  pueblo,  principalmente  con  el  campesinado.  Las  necesidades  de

                    avituallamiento y amparo del maquis en un país férreamente controlado por la

                    dictadura  se  hacían  tan  necesarias  como  imprescindible  para  llevar  a  cabo
                    tan ardua tarea. Mayor peligro corría el colaborador cuando se sentía vigilado

                    por  las  autoridades  locales,  la  Falange  o  la  Guardia  Civil.  Puesto  que,
                    conocido su pasado de simpatía republicana, —motivo suficiente para verse

                    obligados  en  muchos  casos  a  colaborar  con  el  maquis—  les  hacía
                    sospechoso a los gendarmes del régimen. En esa disyuntiva de ayudar a la

                    resistencia  por  su  pasada  ideología  o  de  traicionar  a  la  causa  tras  las

                    presiones ejercidas por las fuerzas policiales, se desenvolvían en un país de
                    estrecheces  económicas.  Seguramente,  la  incertidumbre  de  saberse

                    sospechosos  y  vigilados  marcaría  tan  penosa  existencia.  La  misma
                    declaración  antes  señalada  corrobora  la  hipótesis  expuesta  cuando  el

                    declarante  tuvo  que  abandonar  un  establecimiento  en  el  que  estaba







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                     Sumario 138.836, folio 2 vuelto del atestado instruido por la Guardia Civil.



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