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Historia Digital
, XVIII, 32, (2018). ISSN 1695-6214 © Lorenzo Silva Ortiz, 2018
P á g i n a
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Pese a que nuevas hipótesis planteadas por investigadores españoles
vuelven a indicar una posible procedencia hispana de la cepa (Erkoreka,
2009; Sampedro, 2014), actualmente las tesis que siguen siendo más
aceptadas son las que indican que el brote epidémico tuvo como punto de
origen una base militar estadounidense en la que se entrenaban las tropas
que vinieron a combatir en la guerra europea. Fuentes de la época apuntan
concretamente a un grupo de trabajadores chinos que fueron contratados
para la realización de tareas de mantenimiento en la base de Camp Funston
(Kansas) como el colectivo humano en el que arranca la infección (Echeverri,
1993).
Los diversos estudios existentes estiman que la mutación genética del
virus se debió dar en torno al mes de marzo de 1918. De esta forma, fueron
los soldados norteamericanos quienes trajeron la enfermedad a suelo
europeo, apareciendo ya en el mes de abril en Francia los primeros registros
sobre la presencia de la enfermedad. Entre los meses de abril y junio, la
epidemia ya se había convertido en un fenómeno mundial, si bien todos los
gobiernos negaron sistemáticamente la existencia de la misma,
subestimándola y confiando que, como en otras ocasiones, la llegada del
periodo estival hiciera que desapareciese por sí sola.
Pero fue en el segundo semestre de 1918, con la llegada del otoño y
otra mutación más del virus que lo hizo más violento, cuando la enfermedad
llegó a convertirse en una verdadera plaga que asolaría a comunidades
humanas enteras. Este fue el caso de los inuits, cuya población fue
prácticamente diezmada, estimándose la mortalidad en este grupo humano
casi en el 100% del total (Erkoreka, 2009).