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Historia Digital
, XXI, 37, (2021). ISSN 1695-6214 © M. S. Sánchez, 2021
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Año XXI, Número 37, Enero 2021
Depósito Legal M-34.164-2001
ISSN 1695-6214
dar a tales iniciativas un auténtico carácter pedagógico. En esta particular
tendencia o movimiento secular hemos de situar, pues, a María Carbonell
Sánchez, objeto de nuestro estudio.
María Carbonell supo representar a esa mujer de la pequeña
burguesía, cuya aspiración a nivel personal, se circunscribió siempre dentro
de las posibilidades que la misma sociedad le deparó para poder aspirar así a
un nivel intelectual y social superior dentro del mundo de la cultura. Ella lo
pudo conseguir a través de la profesión de maestra; primero, siendo maestra
de primera enseñanza y después siendo maestra normalista, ampliando su
marco de influencia, además, como conferenciante, publicista y literata. Pero
las aspiraciones personales, en combinación con las limitaciones que le
imponían el propio trabajo de docente y su entrega psicológica al mismo, su
dedicación, aplomo y apresto humano, solidario y caritativo hacia los
problemas candentes de la sociedad valenciana, ocupando puestos de
responsabilidad y relevancia en el marco de algunas actuaciones de
instituciones públicas como así se constata en la Junta de Protección a la
Infancia o la Junta de Colonias escolares, le impidió, sin embargo, poder
materializar la vida de una mujer casada como era costumbre en la época.
Alejada, María Carbonell, de lo que para ella pudo suponer un matrimonio
ventajoso o infructuoso, como así lo sentían o desvelaban algunas mujeres
pensadoras y coetáneas de su tiempo, propulsoras, además de la feminidad y
valía de la mujer dentro de la sociedad, se volcó, por entero, en la educación
y la formación del individuo. Ella, al igual que otras mujeres de su tiempo, se
sintieron atraídas por aquellos oficios del sector social que les consagraban
las cualidades de corazón y de dedicación que tradicionalmente se había
atribuido a las mujeres. Fuera de la casa, las “
mujeres solas”
o solteras con
un nivel cultural elevado y aceptable, debían ser portadoras de las virtudes
domésticas en el ancho mundo y, de alguna manera, se veían obligadas a
mejorar el nivel moral de fábricas, hospitales, escuelas y otras instituciones
públicas.