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, XXI, 37, (2021). ISSN 1695-6214 © M. S. Sánchez, 2021
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Año XXI, Número 37, Enero 2021
Depósito Legal M-34.164-2001
ISSN 1695-6214
Para algunos analistas, el movimiento higienista en España tuvo sus
inicios en 1847, año de la publicación de los Elementos de higiene pública de
Pedro F. Monlau , médico y catedrático de Instituto de segunda enseñanza
que ya había publicado en 1840, un ensayo sobre el estado de instrucción
pública en Francia. No obstante, su difusión e institucionalización posteriores
en los últimos años del siglo XIX y principios del siglo XX, se debió
principalmente a la tarea de la Institución Libre de Enseñanza de la mano de
ilustres personajes como Ricardo Rubio, subdirector del Museo Pedagógico
que ya en 1884 hizo manifiesta alusión, en el Boletín de la Institución, sobre
la higiene y educación en Londres ; Luis Simarro, profesor de Antropología
Pedagógica del citado Museo que en 1889 publicó sus primeros trabajos
sobre el “sumenarge” o fatiga escolar destacando los factores que la
propiciaban como eran la instrucción formalista y nemotécnica carente de
acicates para la investigación y aplicación de lo aprendido, las deficiencias de
la educación proporcionada a la mujer, las nefastas condiciones ambientales
de las viviendas y de las escuelas o la escasa práctica de la gimnasia y el
deporte en las mismas; y el propio Giner de los Ríos que en sus escritos
criticó de forma reiterada sobre la excesiva importancia dada a la enseñanza
memorística en perjuicio de la educación integral del individuo. Pero fue,
sobre todo, Pedro de Alcántara, profesor de las Escuelas Normales de
Maestros y Maestras de Madrid el que en su Tratado de higiene escolar ,
publicado en 1886 concibiera la higiene escolar como una rama de la higiene
pública en lo que respecta a la aplicación de normas y preceptos higiénicos al
régimen escolar, principios éstos de los que carecían la mayoría de las
escuelas de su tiempo.
Educación e higiene se complementaban íntimamente como así lo dio
a entender también el médico aragonés, Patricio Borobio , en un artículo suyo
en la revista Pro Infantia; si no se podía contar con ambas no podía hablarse
de sociedad perfecta ni de la posibilidad de que la hubiese: “Higiene y
educación se buscan, atraen y completan. La Higiene educa, la Educación