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Historia Digital
, XX, 35, (2020). ISSN 1695-6214 © Lorenzo Silva Ortiz, 2020
P á g i n a
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"Es de nosotros un deber de Humanidad tener a disposición de todos
los bienes que Dios quiso que fuesen comunes, ya que a todos los hombres
entregó la Tierra para que se sustentaran con sus frutos, y sólo la rabiosa
codicia pudo acotar y acaparar para sí este patrimonio divino, apropiándose
los alimentos y riquezas dispuestas para todos los hombres."
Mariana es un firme defensor de la sociabilidad del hombre. Cree que
el ser humano necesita de sus semejantes para vivir, siendo la primera
manifestación de esa sociabilidad natural la familia de cuyo agrupamiento
surgen los pueblos y estados (Jiménez, 1992).
Sobre la institución monárquica, el clérigo parte de la creencia de que
las sociedades primitivas fueron gobernadas todas por reyes; utiliza este
argumento para defender la monarquía como la forma de gobierno más
ventajosa por ser la más eficaz, estable, segura e históricamente probada.
Entre los tipos de realeza existentes, prefiere las hereditarias a las electivas
ya que, según él, en las primeras el rey goza de un mayor prestigio, mientras
que, en las segundas, la elección no aseguraría una mayor calidad del
gobernante. Curiosamente y, en apariencia, contradictoriamente, partiendo
del origen popular del poder, Mariana defiende la legitimidad del tiranicidio de
manera más radical que otros de los defensores de este tipo de acciones.
Considera adecuado el tiranicidio por un particular cuando no existen otros
medios. Contra los tiranos cuyo poder tiene un origen legítimo, señala como
más adecuado el tiranicidio cuando es fruto de una decisión colectiva,
indicando que, si esta no es posible porque el tirano no permite reuniones, ha
de realizarse mediante la acción individual (Jiménez, 1992).
Junto a esto, Mariana considera que el rey ha de estar sometido a la
comunidad. Las ideas de Mariana a este respecto son más populares que las
del resto de los tratadistas políticos coetáneos de su orden. Partiendo de la