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Historia Digital
, XX, 35, (2020). ISSN 1695-6214 © Lorenzo Silva Ortiz, 2020
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asegurando así la subsistencia de la población y de la de los más
necesitados.
Evidentemente encontramos también reflejadas estas ideas en la
literatura del Seiscientos, siendo influencia directa en el mensaje trasmitido en
obras del mismo Lope de Vega –sobre todo tras el cambio de discurso y
tratamiento de la figura del tirano que acompañó a la censura de la idea de
tiranicidio de Mariana-, Guillem de Castro, Mira de Amescua, Calderón de la
Barca o Quevedo, entre otros.
Por su parte, Ribadeneyra –jesuita también- defiende una concepción
de la política inspirada en los preceptos cristianos en oposición a la política
defendida por Nicolás Maquiavelo en
El Príncipe
. Trata de rebatir con una
serie de normas de conducta cristianas la
razón de estado
como argumento
que justifica conductas inmorales y carentes de ética, oponiendo a la de
Maquiavelo otro concepto de
razón de estado cristiana
que ha de ser
defendida por un príncipe cristiano. Este arquetipo de príncipe cristiano forma
parte de una larga serie de tratados que buscan la educación de los nobles,
los llamados espejos de príncipes, conocidos desde la Antigüedad Clásica y
la Edad Media.
A Ribadeneyra le repugna especialmente la utilización de la religión
como elemento subordinado a fines políticos, llegando a afirmar que:
“El primero y más principal cuidado de los príncipes cristianos debe ser
el de la religión y que la falsa razón de estado de los políticos, que enseña a
servirse de ella cuando les estuviere bien para la conservación de su estado y
no más, es impía, diabólica y contraria a la ley natural y divina”
.
Según la mentalidad de la época, el jesuita estipula que el príncipe no
debe consentir herejes entre los católicos, debiendo este procurar que todos
sus súbditos vivan bajo una misma fe y religión y que no haya diferentes