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Historia Digital
, XX, 35, (2020). ISSN 1695-6214 © Lorenzo Silva Ortiz, 2020
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sectas en sus estados. Esto debe procurarse sin violencia o coacción,
anteponiéndose él mismo como ejemplo para sus súbditos.
La segunda parte de su tratado se dedica a las virtudes personales que
ha de tener el príncipe, partiendo siempre del hecho de que “fuera de la
verdadera religión no ha habido, ni hay verdadera ni perfecta virtud”.
Frente a la idea de Maquiavelo –que argumentaba que “no es
necesario que un príncipe tenga todas las calidades que hemos dicho, más
bien es necesario que parezca que las tiene”- Ribadeneyra insiste en que “las
virtudes del príncipe cristiano deben ser verdaderas virtudes y no fingidas,
porque a no ser verdaderas no serían virtudes, sino sombras de virtudes”.
Coincidiendo con Mariana considera como virtudes indispensables la justicia,
el cuidado de la economía y la preocupación por la riqueza de los súbditos de
toda condición y estamento, el cumplimiento de la palabra dada, la clemencia,
la templanza y la prudencia, entre otras.
Movido por razones de tipo dramático, cultural y político, pero con un
trasfondo político, filosófico y social herederos de Ribadeneyra y de Mariana,
Guillen de Castro presenta con frecuencia en sus obras el tema del rey tirano
y del derecho de resistencia. Conforme a esto, Guillen define al tirano como
opuesto al príncipe cristiano y al bien público del Estado. Según él, los
súbditos de un tirano deben desobedecer sus órdenes y tratar por todos los
medios de que abandone la tiranía. En caso de que fallen esos medios,
debido a la obstinación del tirano, le estaría permitido a la comunidad, o a un
súbdito particular, llevar a cabo el tiranicidio.
El súbdito que resiste al tirano debe ser tenido por servidor de la patria
y no por traidor, ya que si obra sin ambición personal está favoreciendo el
bien común. Dentro de estas afirmaciones debemos de encuadrar
El amor
constante
. Al defender el derecho de resistencia y el tiranicidio, Guillen trata