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Historia Digital
, XVII, 29, (2017). ISSN 1695-6214 © José Marcos García Isaac, 2017
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emana de los dos, no es iniciativa propia del rey, que en opinión de Boulton
26
,
reflejan una clara predisposición de involucrar a la alta nobleza en esta
sociedad por parte del rey desde el comienzo mismo de la misma.
Por este motivo redacta Segismundo los estatutos:
En compañía de los
prelados, barones y magnates de nuestro reino, dando libertad de unión a
otros nobles en nuestra sociedad […] teniendo inclinación e intención de
combatir los perniciosos hechos de los enemigos de la fe, de los antiguos
seguidores del dragón…
27
.
Por lo tanto, la orden toma su nombre de una representación diabólica,
de una de las figuras que ya en la Biblia asocian con el Diablo, el dragón. No
solo la orden se prestaba a combatir a los infieles sino también:
y como
debemos suponer, combatimos a los caballeros paganos, cismáticos, y a las
demás naciones enemigas de la cruz de Cristo, y de nuestros reinos
. Aquí
radica uno de los mayores interrogantes de la orden, hasta que punto era una
sociedad de defensa de la fe cristiana o de los intereses del rey de Hungría.
Siguiendo las afirmaciones de Boulton, la Orden del Dragón es pues un
conglomerado de disposiciones y argumentos en defensa de la religión
cristiana que en verdad esconden la “defensa e integridad de la familia real y
del reino” de los enemigos tanto internos como externos de la misma
28
. Los
barones, como recogen los estatutos, han de jurar con su vida cumplir con
sus obligaciones para defensa de la corona. Sin embargo, también los reyes
se comprometen a defender el patrimonio y la integridad de los bienes de los
barones con sus propios recursos.
26
Op. cit., pp. 349-350.
27
El texto completo de los estatutos de la orden pueden encontrarse en: FEJÉR, György:
Codex diplomaticus Hungariae Vol. X, Tom. IV,
Regia Universitatis Hungaricae
,
Buda,
1843, pp. 682-694. Existe también una copia de los mismos en un manuscrito conservado
en la Biblioteca Municipal de Amberes con signatura: B.89420, fols. 7v-18r.
28
Op. cit., pp. 350-351.