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, XIX, 34, (2019). ISSN 1695-6214 © Miguel Fernández, 2019
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mucho más favorecido, ya que la suma de votos conseguía afianzarlo en una
posición política muy ventajosa de la cual se podía aprovechar para conseguir
bienes y beneficios de todo tipo y, a la par, seguir entregando servicios a su
clientela, la cual podía ir aumentando.
Las redes caciquiles estaban jerarquizadas y formadas por elites
muy heterogéneas que variaban según el nivel que se ocupaba en la pirámide
caciquil y según la región. Estas elites solían tener la política como segunda
actividad económica, ya que la mayoría de ellas obtenían sus ingresos
principales de sus actividades profesionales. La política no era un modo de
vida, pero sí un medio para obtener otro tipo de beneficios, a parte de los
económicos. Esto llevó a que fueran casi siempre las mismas familias
políticas las que ostentaran el poder en ciertas zonas, se dio una
cristalización del poder político en las elites regionales o provinciales.
Por último, durante la Restauración y, sobre todo, tras la
implantación del sufragio universal masculino (en 1890) el poder de las
administraciones locales fue imponiéndose frente al poder de la
administración central. De esta manera, los caciques locales se hicieron más
fuertes, ya que, con el aumento de los votantes, consiguieron tener
controlado a un número mayor de clientes, lo que llevó a un control más
efectivo y más sólido del mundo rural español. Esto se tradujo, a nivel
electoral, en el aumento del número de candidatos naturales de los diversos
distritos en detrimento del fenómeno del cunerismo.
Finalmente, y a modo de conclusión, tengo que destacar que las
reflexiones sobre estos aspectos del caciquismo (los caciques locales, las
redes clientelares y la relación entre el aumento del poder de la
administración local y la implantación del sufragio universal masculino) me
han servido para poder establecer un acercamiento hacia la realidad que