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Historia Digital
, XIX, 33, (2019). ISSN 1695-6214 © Mariano Caballero, 2019
P á g i n a
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11 de junio con el apoyo del
Regimiento de Borbón
que obedecía órdenes de
Prim fracasó, y ese mismo día las autoridades descubrieron la trama y
apresaron a sus organizadores. A la causa antimonárquica se unieron
trabajadores urbanos y jornaleros que lograron conexiones con el exterior a
través de organizaciones republicanas como la
Legión Ibérica
de Fernando
Garrido.
La misma se relacionará con la
Asociación Internacional de los
Trabajadores,
—la Primera Internacional— a cuyo congreso de Ginebra de
1866 asistió Emilio Castelar. La implantación de la Internacional en España
se debió a Giuseppe Fanelli, enviado por Bakunin en un viaje de propaganda.
Así, se pudieron crear dos grupos de la A.I.T.; en Madrid (Anselmo Lorenzo,
los hermanos Mora y Tomás González Morago) y en Barcelona (Farga
Pellicer, J. Luis Pellicer, Gaspar Sentiñon y José García Viñas). Con ellos se
formó la sociedad
Alianza de la Democracia Socialista
que motivó más
directamente la adscripción obrera en la causa anarquista.
Desde los primeros sesenta crecía, por tanto, la conspiración y la
inseguridad para el Estado. Esto se tradujo en una mayor represión
gubernativa, cada vez más contestada por la intelectualidad y el pueblo. La
Corona no tuvo más remedio que sustituir a O'Donnell por Narváez que
suspendió las garantías constitucionales. La muerte de Narváez en la
primavera de 1868, privó a la Corona de un fiel servidor; con el poder en
manos de González Bravo, la descomposición política y la crisis económica
agudizaron el descontento de las clases dirigentes y las clases populares. Se
comenzó a pensar no sólo en una crisis de gobierno sino en la ineficacia e
incapacidad de la Corona para aventurar cualquier reforma.
El
Pacto de Ostende
suscrito el 16 de agosto de 1866 por progresistas
y demócratas exiliados, comprometía a ambos a trabajar en la misma