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Historia Digital
, XX, 36, (2020). ISSN 1695-6214 © Angel Santos, 2020
P á g i n a
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Año XX, Número 36, Julio 2020
Depósito Legal M-34.164-2001
ISSN 1695-6214
sido sincera, que sólo había sido dictada por el más rastrero interés para
ascender socialmente, además de ver en ellos a los opresores fiscales,
usureros y acaparadores de bienes. Este sentimiento produjo luchas entre los
cristianos nuevos y los viejos. Estos últimos querían expulsar de sus oficios y
cargos importantes a estos conversos, lo que les llevó a divulgar que todos
los conversos seguían practicando el judaísmo en la clandestinidad. No
olvidemos que en 1473 se reprodujeron escenas sangrientas, en torno a esta
cuestión, que recordaban las de 1391. No debemos pasar por alto la intensa
cruzada de fray Alonso de Espina lanzando calumnias y falsedades contra los
conversos, a quienes acusaba en general de judaizar en secreto porque
mantenían un contacto muy directo con sus antiguos correligionarios, por lo
que se debía actuar perentoriamente contra ellos. Y con respecto a los judíos,
no debían ser tolerados pues ponían en peligro a la sociedad cristiana
desestabilizándola religiosa y socialmente, difundiendo doctrinas heréticas a
través de los conversos y penetrando en su interior ocupando cargos de
responsabilidad y con mayor influencia que antaño. Esta idea repetida con
insistencia caló profundamente en las masas (incluidas las autoridades
locales), aunque la realidad era que sólo fuesen una minoría –si bien
significativa– los judíos poderosos, ya que la mayoría mantenía una vida
escasamente desahogada.
A este sentir se unió la idea política de los Reyes Católicos de construir
un reino fundamentado en la uniformidad, por lo que era necesario eliminar
todo lo que fuera diferente y los falsos conversos (junto a los judíos
declarados) constituían un obstáculo para alcanzar la única unidad nacional
posible, la religiosa. La idea era: “Fuera de la comunidad no hay soberano,
pero fuera del cristianismo no hay comunidad”. (Ya observamos similares
motivos en tiempos del III Concilio de Toledo que dieron lugar a una
persecución contra los hebreos). En definitiva, lo religioso se unía a lo político
y a lo social, pues la falta de unidad de fe y la existencia de comunidades
autónomas y separadas se entendía como el producto de las alteraciones del