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, XX, 35, (2020). ISSN 1695-6214 © Lorenzo Silva Ortiz, 2020
P á g i n a
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de Tácito sobre la falta de moral y virtud del mal gobernante (Maravall, 1968;
Arellano, 2008).
Por su parte, si bien con mensaje idéntico al de la obra de Lope,
El
amor constante
se desarrolla en un ambiente palatino de fábula en el que se
dan cita las más viles acciones y los más nobles hechos asociadas a los
personajes opuestos que representan, por una parte, Zelauro y Nisida –
caracterizados como defensores de la libertad y paladines de una virtud
reflejada en el amor puro que se profesan-, y por otra un rey dominado por la
lujuria y la soberbia.
Ahondando en la escenificación de
El Príncipe despeñado
nos
encontramos con unos personajes de comportamientos volubles con
personalidades íntimamente ligadas a los lugares en los que se desarrollan
sus acciones. De esta forma podemos diferenciar tres espacios geográficos
claramente definidos: la corte, la aldea y el monte. Cada uno de ellos se
identifica con emociones enfrentadas entre sí. El monte como simbología de
la vida salvaje y sin otra ley más que la natural en la que se pueden cometer
todo tipo de desmanes
1
; la aldea como símbolo de inocencia, de reencuentro
y reconciliación y como lugar donde se escenifica la liberación de los súbditos
de la tiranía sufrida; y la corte como lugar de intrigas que se corrompe ante la
falta de autocontrol y virtud del gobernante.
Todos estos aspectos lo pone Lope al servicio de unos personajes
alejados de la oposición fija de caracteres a los que somete Guillem de
Castro a los suyos. Los de Lope son variables en sus comportamientos,
fuertemente condicionados y ligados a los lugares en los que desarrollan sus
1
No deja de ser interesante la lectura de un tiranicidio considerado dentro de la ley natural.