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Historia Digital
, XIX, 33, (2019). ISSN 1695-6214 © Mariano Caballero, 2019
P á g i n a
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Leyendas
de Zorrilla o las
Rimas y Leyendas
de Bécquer son un perfecto
ejemplo de la exacerbación emocional, la interiorización lúdica o la exaltación
nacionalista.
Gustavo Adolfo fue influenciado, sobre todo, por la pluma de Heine o
Hugo y, como ellos, se impregnó de un universo de libertad que nos puede
parecer poco acorde con su figura. En su universo trascendental no hay Dios,
no hay religión, no hay salvación, sólo existe la calle, las tabernas y los
cafetines de poca monta donde se sumerge en el alcohol y en el tabaco junto
al pueblo que le rodea, que también se sume en la desesperación, la desidia
y la pobreza. Su hermano Valeriano, pintor costumbrista, nunca gozó de
fortuna crítica, y fue etiquetado como un pintor fracasado de paisajes, que
sólo pudo recurrir a la colaboración artística para su supervivencia en
periódicos como
El Museo Universal
o
El Arte en España
. Y así fue; a
Valeriano se le cerraron puertas de galerías y salones de arte y se sumió en
una profunda introspección que le impulsó a viajar por tierras de Soria y
Toledo. Su pincel plasmó en óleos toda la sobriedad, obscuridad y hambruna
de la Castilla decimonónica —hoy perdidos casi en su totalidad— llenos de
pordioseros, truhanes y lóbregos curas de pueblo. No es extraño, por tanto,
que los hermanos Bécquer, participaran en la vida social y política desde una
perspectiva pesimista, exacerbada y deseosa de transformaciones en los
estamentos más altos de un sistema liberal que se presentaba ineficaz en la
transformación de todos estos aspectos cotidianos.