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, XVIII, 31, (2018). ISSN 1695-6214 © José Marcos García Isaac, 2018
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embarcaciones, independientemente de su procedencia y destino,
incumpliendo los requisitos que el rey les había dado para poder ejercer la
actividad corsaria. Ni siquiera los barcos de los súbditos del rey de castilla se
vieron libres de esta amenaza. Es muy probable que una de las razones por la
que los corsarios castellanos comenzaron a atacar embarcaciones castellanas,
fuera la prohibición que Enrique III hizo a sus naturales en enero de 1398 de
exportar mercancías en navíos cuyos propietarios fueran extranjeros. Esta
medida económica proteccionista, sin duda alguna, debió de ocasionar un
considerable descenso en el número de barcos extranjeros en aguas
castellanas, motivo por el cual las tripulaciones corsarias comenzasen a
saquear las embarcaciones de sus propios paisanos
16
.
Las medidas que a este respecto tomó el rey no fueron muy activas. Hay
que destacar además, que existían pleitos entre el almirante de Castilla y
algunas ciudades andaluzas, relativas a la manera en cómo se debían de
juzgar a los corsarios y demás tipos de mareantes, así como de quien era
responsabilidad impartir justicia en dichos asuntos. Diego Hurtado de Mendoza
se querelló al rey, y este falló a su favor en febrero de 1399, y por tal motivo,
notificó a las ciudades andaluzas que la titularidad para juzgar a los corsarios
era totalmente exclusiva del almirante
17
. El 25 de agosto de ese mismo año, a
instancia de los mercaderes genoveses de Sevilla, el rey Enrique III levantó
parcialmente la prohibición de embarcar mercancías castellanas en navíos
extranjeros, y permitió a los comerciantes de sus dominios que pudiesen
embarcar sus mercancías en naves genovesas:
…por los dichos consoles e mercadores e por si me querellaron e dizen que
por razon de mi privillegio que fue dado a los mis naturales que tienen naos o
navios o son maestres dellos que los mercadores carguen en los sus navios
sus mercadurias ante que no en los navios de los estrangeros (…) los
16
El decreto se encuentra publicado en: SECO SERRANO, Carlos (edit.):
Obras de don Martín
Fernández de Navarrete (vol. I)
, Atlas, Madrid, 1954, pp. 529-534.
17
CALDERÓN ORTEGA, op. cit., pp. 332-333.