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Historia Digital
, XX, 35, (2020). ISSN 1695-6214 © Juan Rhalizani, 2020
P á g i n a
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pensamiento se plasmó en la concepción espiritual y religiosa, pues creía en
una religión sin iglesia, “pagana” como él mismo la denominaba.
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En cuanto a su gusto por la canción folclórica, es patente la influencia
en todo su
corpus
musical. Cuando tenía veinte años reunió todas las
melodías de carácter folclórico que encontró en la biblioteca de su amigo
Robert Schumann y comenzó a inclinarse, al igual que Liszt, por las de los
zíngaros o gitanos bohemios de Hungría. El movimiento lento de su
Sonata
para piano op. 1 nº 1
consiste precisamente en una serie de variaciones
sobre una tonada folclórica de la baja Renania.
o
Polonia y Hungría:
Los casos de Chopin y Liszt
Es curioso que estos dos compositores, quizás los intérpretes y
compositores para piano más excelentes del siglo XIX, desarrollaran sus
carreras artísticas fuera de sus patrias, países que nunca habían sido tenidos
en cuenta como potencias europeas. Es por ello por lo que se afincaron en el
centro cultural europeo de la época: París. Chopin representó el virtuosismo
íntimo patente en sus
Nocturnos, Baladas
y
Scherzos
(sin olvidar la música
nacionalista, a tener en cuenta también:
Mazurkas, Polonesas
…) y Liszt
encarnó el ideal de vividor y de virtuoso público.
En esos momentos, en los que nuestros compositores tenían alrededor
de veinte años, la música cobró importancia en el movimiento de
independencia de Bélgica contra Holanda. Esta se inició el 25 de agosto de
1830, al finalizar en el Teatro de la Ópera de Bruselas una representación de
La muette de Portici
, de Auber, cuyo argumento incitaba a la revolución. El
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BURROWS, J.,
op. cit.
, p. 213.