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Historia Digital
, XX, 35, (2020). ISSN 1695-6214 © Juan Rhalizani, 2020
P á g i n a
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libreto fue traducido a numerosos idiomas, con lo que la propaganda
nacionalista estuvo asegurada. Sólo en París fue representada más de
quinientas veces entre 1828 y 1880, contribuyendo también al clima
revolucionario de la capital gala en 1830. Los mecanismos de funcionamiento
del público belga fueron similares a los que se generaban en Italia: la trama y
la partitura habían logrado exaltar con su mensaje a un público sensible a un
discurso revolucionario de este tipo.
En esta coyuntura, cobraron especial peso los jóvenes Chopin y Liszt.
El primero de ellos estuvo casi desde sus inicios pianísticos comprometido
con el movimiento nacionalista polaco, aunque más que apoyar la doctrina
nacionalista (al igual que sus compatriotas) lo que deseaba era el fin de las
hostilidades y las disputas entre su país y Rusia. Esta era parte habitual de
las tensiones políticas polacas, pues su ansia de dominio y control
administrativo en las tierras de nuestro compositor provenía de época
moderna. Fue entonces cuando Polonia fue desgajada como reino
independiente.
Además, el único valedor de reinstaurar un
reino
polaco,
paradójicamente el zar Alejandro I, salió del Sistema Continental napoleónico
en 1810 y murió en 1825, con lo que Metternich, receloso de Prusia, hizo todo
lo posible para frustrar esa intentona, la cual que se había resuelto con una
Polonia reducida. Esta se encontraba bajo las directrices del propio zar en el
Congreso de Viena de 1815.
42
Esos acontecimientos los vivió Chopin en su
más tierna infancia, pero ya en 1830, afincado en París, vivió otros muy
distintos.
42
PALMER, R., COLTON, J.,
op. cit
., pp. 163- 165.