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, XIX, 34, (2019). ISSN 1695-6214 © Juan Rhalizani, 2019
P á g i n a
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Uno de los factores por los que el Renacimiento nació en la península
itálica fue la ausencia de un carácter nacional unificador, y, por consiguiente,
la independencia política de las distintas ciudades. En el siglo XIV, en la
totalidad de repúblicas italianas se vivía un tiempo de crisis política, en la que
los partidos y los déspotas ejercían al máximo las premisas del carácter y el
bien individual (sin tener una épica nacional, se adopta la
Divina Comedia
de
Dante). En el norte de la península, tras las injerencias germánicas, se
formaron una serie de comunas autosuficientes, aunque muchas de ellas
fueron mal administradas por los
condotieri
y las nacientes burguesías
mercantiles. La más relevante de estas fue Venecia.
En el centro, nos encontraríamos con los estados pontificios,
duramente perjudicados en esta centuria, como resultado de su traslado a
Aviñón (1307) y por el Cisma de Occidente. Finalmente, en la parte sur de la
península itálica nos encontraríamos el férreo control de la mayoría de los
territorios bajo el Casal d´ Aragó, desde el siglo XIII. Evidentemente, en estas
circunstancias también estaban generalizadas las intrigas y los complots en
súbditos ávidos de poder, y la provocación de cambios en la vida
gubernamental.
Esto también es comparable entre sí, como no, en el terreno de la
cultura. En la literatura, a los grandes poetas y dramaturgos del Trecento les
costó mucho la consecución de un género dramático (potenciado por la falta
de público), pues, del mismo modo, se tenían que dedicar a los asuntos
municipales. En definitiva, el saber artístico y erudito/teórico de estos