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, XIX, 34, (2019). ISSN 1695-6214 © Juan Rhalizani, 2019
P á g i n a
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de hombre polifacético, intelectual, teórico y erudito del Renacimiento se
completó, al fin.
Aunque el humanismo al que fue adscrito era fervorosamente religioso,
él no tuvo ningún reparo en criticar duramente a la Iglesia católica; quizás, a
causa de su postura se convirtió en el adalid contra Roma y el papado, por
pate de los protestantes. Sin embargo, a causa de su europeísmo (el cual
retomaría dos siglos más tarde Kant) nunca apoyó la Reforma por
considerarla una ruptura de la Cristiandad, por lo que se mantuvo fiel a Roma.
Su educación fue religiosa a la par que culta, siendo durante algún
tiempo monje dominico, aunque renunció al hábito poco después. Tras ello,
se convirtió en secretario del arzobispo de Cambray para, a finales del siglo
XV, residir en Oxford. Esta es la ciudad donde conoció a Tomás Moro y a
John Colet. No contento con estas experiencias viajó en repetidas ocasiones
por todo el continente, con lo que aumentó su prestigio más y más. Sin
embargo, el mayor reconocimiento a su erudición le fue concedido por el
papa y Carlos V auspiciándole en mecenazgo.
En 1503 publicó su
Manual del soldado/caballero cristiano
, donde
fomentaba una religiosidad más bíblica e imitadora de Cristo. En 1508 hizo lo
propio con los
Adagios
comentados, en los que mostraba la prudencia amén
de una serie de valores morales propios de la antigüedad clásica. En 1511
redactó su obra más característica:
el Elogio de la locura
. Este escrito
destacó en su día por realizar una crítica muy dura, sistemática y recurrente a
la mentalidad del clero, las órdenes religiosas y la superstición popular.