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, XIX, 34, (2019). ISSN 1695-6214 © Juan Rhalizani, 2019
P á g i n a
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Desde 1511 se ocupó del saber filológico, con ediciones de Séneca de
las Cartas de San Jerónimo
y de otros padres de la Iglesia, o una edición del
Nuevo Testamento
, realizada en Basilea (1516) y usada por los protestantes
como método exegético. Es en estos momentos cuando Erasmo gozó de
mayor fama, guiando a los intelectuales y a la aristocracia letrada europea.
Pero, además, supo utilizar de forma magistral la imprenta como
elemento difusor de las principales obras e ideas intelectuales, aunque
también criticó ciertos puntos de los reformadores, como su pesimismo sobre
la libertad y la naturaleza humana (
Tesis de El libre albedrío
, 1524). Tras su
muerte, la Iglesia católica siguió el proceso habitual para los intelectuales
problemáticos con su doctrina: prohibió sus libros y la enseñanza de su
legado.
Hoy día la historia ha recuperado el esplendor de su figura por el
espíritu reconciliador y el talante distendido de sus obras, las cuales también
preconizaban la búsqueda de un ideal de concordia cristiana, el europeísmo y
el cosmopolitismo mundial.
En Inglaterra también hubo un desarrollo cultural importante,
destacando los centros neurálgicos de Oxford y Cambridge y la huella que
dejó el paso de multitud de humanistas italianos y oriundos de las islas. Ahora
repasaremos el recorrido de dos hombres ingleses con importancia en la
cultura: John Colet y Tomás Moro.
John Colet (1467- 1519) fue el deán de la Catedral de San Pablo en
Londres y un teólogo con formación humanista, conocedor al dedillo del
neoplatonismo florentino. En sus años de influencia apoyó la reforma de la