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Historia Digital
, XX, 35, (2020). ISSN 1695-6214 © Juan Rhalizani, 2020
P á g i n a
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buscaron en las obras artísticas nacionalistas giros y guiños folklóricos que el
pueblo llano entendiera. En música destacaron dos compositores relevantes:
Smetana y Dvorak.
El primero compuso un ciclo sinfónico bien significativo:
Mi Patria
(1879) en el que se empleó música popular checa, y se usó el acervo
tradicional de cada zona de la región imperial para caracterizar las partituras.
Dentro de sus obras operísticas, compuestas a la vuelta de su exilio sueco,
podemos destacar sus
Prodaná Nevesta
(1866),
Taiemstvi
(1878) y
Libussa
(1881). En los tres dramas se evidencia una profunda reflexión sobre el
modo de vida de los pueblos checos. Asimismo, el ambiente aldeano de la
región de Bohemia, su esencia como pueblo, quedó plasmado en el primer
drama que hemos mencionado (
Prodaná Nevesta
o
La novia vendida
) y que
además granjeó un gran reconocimiento a Smetana.
En otra línea ideológica, mucho más combativa, se inscribió otra
composición en la que el personaje que da título a
Dalibor
(1868), basada en
una leyenda checa de origen medieval, representa a la nación misma y los
anhelos de libertad política de sus habitantes. Hoy día incluso, los directores
checos siguen representando estas óperas en los grandes días de la fiesta
nacional.
Por otra parte, tendríamos que mencionar a Dvorak, aclamado por sus
contemporáneos, y considerado un músico de mayor rango intelectual y
compositivo que su compatriota Smetana (es muy conocida su gira
estadounidense, donde se dio a conocer al gran público como director de
orquesta y como compositor con su
Novena
sinfonía).
No obstante, resulta paradójico que se le considerase un músico
cosmopolita cuando él mismo reivindicaba en cada concierto sus raíces