Página 14 - editorial

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, XVII, 30, (2017). ISSN 1695-6214 © Benedicto Cuervo Alvarez, 2017
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En abril de 1938, la campaña de arrestos masivos dirigida contra los
vagos y mendigos provocó que miles de personas que habían rechazado un
empleo, las personas sin techo o residencia legal, fuesen internadas en
campos de concentración. Un buen número de ellos llegó al campo de
Buchenwald. Poco después, comenzaban a llegar los primeros internados
judíos al campo, alojados en un granero y empleados en la construcción de las
cocinas, sin camas o mesas. En septiembre, llegaron los primeros presos
austriacos, procedentes del campo de Dachau; entre ellos había muchos judíos
prominentes de los campos del arte, la educación y la ciencia. En octubre, el
número de presos excedió los 10.000, por primera vez, aunque el prógrom
antijudío de noviembre de 1938 elevó el número de internos con 9.845 nuevos
detenidos, que fueron alojados en una zona de alambradas y tratados
brutalmente: 250 de ellos murieron durante el proceso. A finales de año, el
campo llegaba a 11.028 presos, y entre las 771 personas que habían muerto,
408 eran judías.
En febrero de 1939 se produjo la primera epidemia de tifus en el campo,
como resultado de la sobrepoblación y la constante escasez de agua e higiene.
Para intentar evitar que la plaga se extendiese, el campo fue puesto en
cuarentena. En septiembre se creó un campo especial, cuyos primeros internos
fueron 110 polacos que las SS abandonaron en un recinto de alambradas
donde se les dejó morir de hambre y frío en pocas semanas.
Con el comienzo de la guerra, más de 8.500 hombres fueron internados
en el campo, incluyendo aproximadamente 700 checos, centenares de gitanos
del Burgenland (Austria), más de 2.200 polacos y más de 1.000 judíos
vieneses. En el campo especial, las SS apiñaron a más de 3.000 polacos y
judíos en tiendas, de modo que el campo especial se convirtió en una forma de
asesinato que adquirió los atributos de un asesinato masivo, debido a las
condiciones intencionadas, el hambre, el terror y la negligencia. Debido a estas
condiciones, el campo tuvo que ser nuevamente puesto en cuarentena en
noviembre, debido al estallido de una epidemia de disentería. Poco después,