Página 26 - editorial

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, XVII, 30, (2017). ISSN 1695-6214 © Benedicto Cuervo Alvarez, 2017
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pequeño cerdo asado y vino. El vencedor fue Petar Brzica que alcanzó la
cantidad de 1.360 prisioneros asesinados en un solo día cortándoles la
garganta con un cuchillo de carnicero llamado ‘srbosjec’ (cortaserbios).
El terror en el campo de Jasenovac (Croacia) lo sembraban los ustacha.
Según palabras atribuidas a Ante Pavelic, líder del movimiento fascista croata:
“que no puede sacar al niño del vientre de la madre con una daga, no es un
buen ustacha". Los principales blancos del sadismo ustacha fueron los
sacerdotes ortodoxos, las mujeres y los niños.
En este sentido, el corresponsal de guerra italiano, Curzio Malaparte,
escribió un reportaje sobre la Segunda Guerra Mundial, donde aseguró que
durante una entrevista con Ante Pavelic en el despacho del führer, vio un cesto
de mimbre que "parecía estar lleno de mejillones u ostras sin concha", pero que
el mismo fascista le explicó sonriendo que se trataba de "un regalo de mis
leales ustachas. 20 kilos de ojos humanos".
Años más tarde, nacionalistas croatas pusieron en duda la veracidad de
este hecho, pero varios testigos y supervivientes del terror afirmaron que la
colección de partes de cadáveres fue una tradición para los ustachas, muchos
de los que llevaban collares hechos con la lengua, los ojos y las orejas de sus
víctimas. El exprisionero Jovo Djuric cuenta que en los años del régimen
fascista en algunas ciudades croatas se vendían ojos de serbios: "cada unidad
constaba de 30-40 ojos".
Por su parte, Velizar Zecevic, superviviente de la matanza en un pueblo,
recuerda que los ustachas empezaron a matar a campesinos encima de un
barril gritando que querían recoger sangre como regalo para el cumpleaños de
Pavelic.
En Jasenovac fueron asesinados niños de 1 a 14 años de edad. Un
superviviente recuerda que los ustachas quemaron vivos a muchos niños en
presencia de sus padres, mientras que a otros prefirieron ahogarlos en el río
Sava, que estaba junto al campo de exterminio. El investigador Dragoje Lukic