Página 28 - Historia Digital

Versión de HTML Básico

Historia Digital colabora con la
Fundación ARTHIS
Historia Digital
, XVII, 29, (2017). ISSN 1695-6214 © Benedicto Cuervo Álvarez, 2017
180
Egipto era u mosaico de mansiones y dominios autárquicos en su
mayoría que procuraba la autosuficiencia de cada explotación. Después de
pagar los impuestos, los administradores del dominio y los dueños exitosos
de las casas almacenaban los excedentes para su uso futuro o los
intercambiaban en el mercado. El porcentaje de los productos e incluso de los
bienes manufacturados que llegaba a los mercados era probablemente
pequeño. Era de poca importancia para la supervivencia del productor
individual, pero pro veía de la base económica para el desarrollo de la gran
cultura egipcia.
La mayor parte de la producción era consumida por los propios
productores. Lo que quedaba después de que los dueños de las tierras y los
recaudadores de impuestos se llevasen sus partes, podía ser vendido en el
mercado local a sus vecinos.
Así pues, el mercado interior estuvo poco desarrollado por el sistema
económico egipcio, dado que la gran parte de la población recibía todos los
artículos de primera necesidad del Estado en pago a sus servicios. Sin
embargo, no por ello se careció del mercado en pueblos y ciudades. En
algunos lugares se practicaba el trueque directo, pero cuando se trataba de la
compra-venta de productos de cierto valor se recurría a un instrumento de
cambio que, sin ser moneda, se le parecía mucho. Es verdad admitida que el
Antiguo Oriente no tuvo moneda propiamente dicha hasta los lidios, pero ya
de muy antiguo habían inventado una unidad, que era el metal de oro, plata y
cobre. Veamos un caso tomado de J. Yoyotte en el que se utiliza el metal
como instrumento de cambio: “Vendido a Hay por el oficial Nebsmen: un
buey, es decir, 60 deben; cinco paños de tejido fi no, es decir, 15 deben; un
vestido de lino del sur, es decir, 20 deben; un cuero, es decir, 15 deben”
34
.
Una gran parte del comercio más allá de los intercambios locales,
parece que estaba en manos de un gran número de mercaderes que
actuaban para la corona o el gran templo. El comercio con el extranjero y la
34
Francisco José Presedo: Gran Historia Universal. Vol. II. Madrid. 1987.