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, XX, 36, (2020). ISSN 1695-6214 © Cristóbal Corral, 2020
P á g i n a
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Año XX, Número 36, Julio 2020
Depósito Legal M-34.164-2001
ISSN 1695-6214
que todavía se encuentra en el poder una clase política que, debido a sus
vivencias de juventud y de la guerra, aún conserva la conciencia de una
Alemania unida. En estos meses decisivos ha habido algo así como una
solidaridad silenciosa que traspasaba las fronteras de los partidos políticos.
Hay que mencionar, pese a las debilidades evidentes en la planificación de
las fechas, al presidente federal alemán, el barón Richard von Weizsäcker; al
canciller federal, Helmut Kohl; a Willy Brandt y a Hans-Jocken Vogel, del
SPD, así como a los tres políticos liberales: el conde Lambsdorf, Genscher y
el presidente de la fracción parlamentaria del FDP, Mischnick, de la RDA.
No ha habido una contribución relevante a la reunificación alemana por
parte de la generación de políticos germano-occidentales entre los cuarenta y
los cincuenta años, sobrepasados por sus colegas de la RDA. En cuanto al
comportamiento de los verdes, mejor obviarlo con el silencio. Nunca podrá
valorarse suficientemente la importancia del papel que han desempeñado los
altos funcionarios de Bonn.
En conjunto, la posición conservadora-liberal es la que mejor ha sabido
enjuiciar la situación y sacar las conclusiones pertinentes. Y uno no puede
desembarazarse de la sensación de que, al final, es la teoría magnética de
Konrad Adenauer la que ha resultado confirmada a finales de 1989.
No debe olvidarse que, en último término, los alemanes deben la
reunificación a Mijail Gorbachov; al sindicato Solidaridad, y al agujero en la
frontera húngara. No hubo una revolución a finales de otoño de 1989. Y, sin
embargo, un análisis retrospectivo así lo demuestra.
Desde luego, Kohl reconoció mucho antes que el resto de los políticos
cuales eran las oportunidades que se ofrecían para el proceso de unificación
alemana con el éxodo masivo de los refugiados de la RDA, puesto que entre
los aliados occidentales se encontraban muchos escépticos que no podían
ocultar que, junto con la dinámica que surgía, había, asimismo, un peligro de