Página 9 - Historia Digital

Versión de HTML Básico

Historia Digital colabora con la
Fundación ARTHIS
Historia Digital
, XVII, 29, (2017). ISSN 1695-6214 © Benedicto Cuervo Álvarez, 2017
161
Hapy era el dios de las inundaciones del Nilo. Era representado con un
rey, ataviado con el tocado real nemes y una barba postiza. Sus pechos
femeninos eran símbolo de sus aguas, que daban vida a Egipto. El faraón era
el dueño de las tierras y los egipcios tenían que pagar un tributo o impuesto
anual.
Solamente el faraón podía llegar a los dioses. Él era también el
intermediario entre los hombres y los dioses gracias al cual los hombres
tomaban contacto con el mundo espiritual. El faraón intercedía ante los dioses
en favor del pueblo, cumpliendo los ritos apropiados para ello y haciendo las
ofrendas requeridas, con el objeto de que los dioses se considerasen
benévolos con Egipto. El faraón era, por tanto, el sumo sacerdote de
cualquier templo del territorio, y era él quien designaba a otros sacerdotes
para tan alto menester y quien dotaba a los templos de tierras y rentas.
Otro poder que tenía el faraón era el ser el jefe supremo de los
ejércitos y el encargado de nombrar a sus generales. En muchos relieves,
frescos y papiros egipcios nos encontramos con una enorme figura
representando al faraón triunfante contra sus adversarios, lo cual es
interpretado por los arqueólogos y egiptólogos como un signo de
megalomanía, egocentrismo y despotismo. Es una propaganda ante el pueblo
de su poder aglutinando los poderes divinos y, por tanto, sirve de defensa
contra cualquier intento de agresión o invasión por parte extranjera.
En un himno a un faraón se describe esta simbología:
“Él puede destruir al arquero extranjero sin golpearle…Es capaz de
disparar la flecha sin dirigir el arco…Su lengua representa a Nubia y con solo
la pronunciación de este nombre huye el enemigo. Hele aquí como un
protector cuya mano permanece firme. Hele aquí como refugio para quienes
temen al enemigo. Hele aquí como sombra refrescante contra el calor estival.