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, XVIII, 32, (2018). ISSN 1695-6214 © Ángel Santos Vaquero, 2018
P á g i n a
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a pedir dinero (lo necesita para ser coronado como Emperador de Alemania).
Ante este panorama no es de extrañar que las Cortes castellanas estuvieran
dispuestas a enfrentarse con el que iba a ser su próximo monarca, intentando
que no fueran arrollados sus derechos tradicionales y defender la
honorabilidad de la nación castellana, sobre todo en lo que parecía un
despojo de sus más importantes leyes y patrimonio.
Carlos, inteligente o bien asesorado, juró respeto a las leyes
castellanas, con lo que fue reconocido por las mismas como rey, junto a su
madre, lo que tuvo como recompensa la concesión de 600.000 ducados.
Muchas peticiones se hicieron al monarca al comienzo de las Cortes las
cuales unas fueron aceptadas en los términos solicitados, otras con ciertas
reservas, algunas fueron desviadas en el tiempo y otras negadas.
Lo más importante es que confirmó las leyes, pragmáticas, libertades,
franquicias y privilegios de villas y ciudades castellanas; prometió que se
mantendrían los encabezamientos sin aumento del precio que tenían en el
momento y que no se impondrían nuevos impuestos. En cuanto a las
peticiones de no dar oficios, beneficios, dignidades, encomiendas, tenencias
ni gobernaciones a los flamencos que trajo consigo y que los embajadores y
los cargos administrativos y judiciales fuesen ocupados por naturales del
reino de Castilla, las otorgó con ciertas reservas, lo que hizo de la concesión
algo casi inútil.
El rey, con astucia, autoridad y veladas amenazas consiguió que la
rigurosa defensa que los castellanos hacían de sus requerimientos fuese
amortiguándose, lo que rebajó el bravío orgullo y los alardes de dignidad con
que comenzaron las Cortes, quitó mucha fuerza a sus peticiones y consolidó
la autoridad real, aunque los errores de Carlos, no atendiendo las peticiones