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, XVII, 30, (2017). ISSN 1695-6214 © Ángel Santos Vaquero, 2017
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Lorenzo, entre otras cualidades, de las que hablaremos más adelante,
fue un importante mecenas de las Artes y las Letras durante el Renacimiento.
Precisamente en esta época, gracias a la invención de la imprenta, se
incrementó la creación de bibliotecas, difundiéndose la idea de que los libros
debían ser fácilmente accesibles y no estar únicamente reservados en
establecimientos eclesiásticos, reales, aristocráticos o universitarios. Así, el
bibliófilo y coleccionista Niccolo Niccoli, debido a esta pasión por la obra
impresa, se arruinó. Cosme de Médicis fue más eficiente y creó una gran
colección. Recibió la biblioteca del arruinado Niccolo Niccoli y la enriqueció con
diversas compras y copias que realizaban los cuarenta y cinco copistas que
trabajaban para él. Por su parte Lorenzo el Magnífico la enriqueció aún más
con copias y compras que realizaba a través de sus agentes por diversas
partes del mundo. Cuando murió había reunido más de mil libros, casi la mitad
en griego. De esta manera surgió en Florencia una de las bibliotecas más
famosas del mundo –albergada posteriormente en un espléndido edificio, obra
de Miguel Ángel–, constituyendo la famosa biblioteca Laurentina, sólo
comparable con la del Vaticano, que fue organizada eficazmente por el papa
León X, uno de los diez hijos de Lorenzo de Médicis.
Su pasión por la cultura, la inteligencia y el talento le hizo
rodearse de artistas (Sandro Botticelli, Leonardo da Vinci, Miguel Ángel…),
siendo el responsable de la extensión del arte renacentista italiano por el resto
de las Cortes europeas, gracias a su carácter conciliador y a sus excelentes
dotes diplomáticas; de filósofos (Marsilio Ficino, Pico della Mirándola,
Poliziano…) y de científicos. Sin embargo, en el aspecto material y crematístico
no destacó, desatendiendo los negocios familiares, llegando a tener problemas
para mantener las actividades mercantiles con el oeste europeo y perdiendo las
filiales de Londres, Brujas y Lyon.
Lorenzo de Médicis fue el impulsor de la lengua italiana de
Toscana a fines del siglo XV, convirtiéndose en el idioma de Tasso, Ariosto y
otros grandes poetas del siguiente siglo. Algo que había potenciado Dante,