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, XVII, 30, (2017). ISSN 1695-6214 © Ángel Santos Vaquero, 2017
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quien había defendido las virtudes del italiano vernáculo demostrando su valor
lingüístico en sus poemas y, sobre todo, en la Divina Comedia. También se
preocupó de la cultura y de la enseñanza creando una universidad en Pisa.
Además de las muestras expuestas anteriormente, le califica de
hombre del Renacimiento la creación del llamado “Jardín de esculturas”. En
este “jardín”, al que llenó de esculturas de futuros maestros, se impartió
enseñanza gratuita en este arte a aquellas futuras que ya mostraban un gran
talento, entre los que se encontraba el joven Miguel Ángel. Como “director” y
maestro eligió a Bertoldo, hombre de avanzada edad, perito en esculpir
mármol, que había aprendido de Donatello, quien a su vez había sido aprendiz
de Ghiberti.
¿De dónde le venía a Lorenzo este amor por la cultura y el arte?
De una educación exquisita. Llegó a dominar el latín gracias al maestro Becchi
Landino que le descubrió la belleza de la Lengua, llegando a sobresalir como
escritor y poeta; le descubrieron el pensamiento filosófico el griego
Argyropoulos y el florentino Marsilio Ficino (sacerdote católico, médico, filólogo
y filósofo); le inició en la música Squarcialupi, llegando a tocar varios
instrumentos y cantar con cierta gracia y soltura; León Bautista Alberti le dio
lecciones de arte y arquitectura.
Hemos dicho anteriormente que tenía un carácter conciliador y
unas excelentes dotes diplomáticas. Se hallaba convencido de que se lograban
mejores resultados dialogando y cultivando la política (con ello logró que en la
dividida y agitada Italia hubiera un período de paz, convivencia y equilibrio que
duró hasta su temprana muerte); pero ello no era óbice para que fuera experto
en el manejo de la armas y en las artes bélicas, aunque sólo las ejercitaba en
torneos. No era un señor de la guerra aunque cuando la situación lo requería,
no dudó en actuar con dureza, como hizo durante la represión de la revuelta de
Volterra.