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, XVII, 30, (2017). ISSN 1695-6214 © Ángel Santos Vaquero, 2017
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Tras ser ordenado sacerdote tuvo un encuentro con Teresa de
Ahumada en Medina del Campo, la cual andaba por esos lares para fundar su
segundo convento de monjas, sin olvidar su intención de reformar la orden
carmelitana de frailes. Teresa conoció de las inquietudes de Juan de Yepes,
quien tenía en el pensamiento entrar a formar parte de una orden de mayor
rigor, la Cartuja. Quedó tocado en su espíritu después de su contacto con la
Madre Teresa en Valladolid y, cautivado por su proyecto, se convirtió en el
primer carmelita descalzo, inaugurando el convento de Duruelo el 28 de
noviembre de 1568, obra conjunta de ambos personajes, la una como ideadora
y el otro como ejecutor. Este primer convento de carmelitas descalzos se alzó
en una casa que le habían regalado a la fundadora en el pueblito de veinte
vecinos (no más), que en realidad era un barracón desvencijado, ruinoso y
sucio, en un lugar pobre y aislado. A Juan se unió el padre Antonio Heredia
(después de Jesús) –prior de los calzados en Medina del Campo–, quien había
ayudado mucho en la fundación de monjas que en esa ciudad se hizo y que
había oído de la propia Teresa sus ideas renovadoras del Carmelo, y después
fray José de Cristo.
Los padres Antonio y Juan formaron unas constituciones con los
elementos fundamentales que Teresa había escrito para sus monjas y que
había comentado con fray Juan anteriormente, aunándolos con los de la regla
primitiva de los carmelitas, para gobernar la vida conventual que se iniciaba.
Fray Juan de la Cruz pasó a ser el confesor de las monjas del
convento de la Encarnación, en Ávila. Allí estuvo seis años imbuyéndose de
“teresianismo” y como formador de descalzos, hasta que el 3 de diciembre de
1577 fue secuestrado por los calzados, quienes le encerraron en Toledo. Este
desgraciado suceso viene determinado por la profunda rivalidad que se produjo
entre los conservadores y los reformadores. Los calzados temían verse
absorbidos por los descalzos y estos ser destruidos por los calzados. Esta
contienda desencadenó violentas tensiones, las cuales llevaron a la ejecución
del aprisionamiento de fray Juan de la Cruz y su encierro y retención en una