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, XVII, 30, (2017). ISSN 1695-6214 © Ángel Santos Vaquero, 2017
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sin movimientos exagerados, convulsos, crispados de los personajes a quienes
humaniza. Es el pintor de la Inmaculada y de la Virgen con el Niño, quizás las
más bellas series de cuadros sobre estos temas de todos los pintores
españoles. Escenas cuya principal función era la de despertar fervor.
Aunque, como decimos, es primordialmente un pintor de escenas
religiosas, ello no es óbice para que también cultive la pintura realista. En ella
sigue la misma línea que en la religiosa, es decir, sigue huyendo del dolor, la
tristeza, la angustia, la negrura, la miseria, el sufrimiento; por el contrario nos
presenta el lado más amable de la amarga realidad de su tiempo, como en sus
famosas escenas de golfillos donde destaca el picaresco desenfado y alegría
infantil, a la vez que señales de abandono y miseria (“Niño sonriente”, “Niños
jugando a los dados”, “Niños comiendo melón”, “Vieja espulgando a un niño”,
“Niño jugando con un perro”, “La pequeña vendedora de fruta”). Encantadoras
pinturas de niños de tipo religioso son “San Juanito con el cordero” y “Los niños
de la Concha”. También cultivó el retrato (“El canónigo Miranda”) y el paisaje.
Este último no sólo como fondo de algunas de sus grandes composiciones
religiosas, sino incluso como lienzos independientes.
Es un extraordinario pintor, de gran habilidad técnica y un gran
colorista que aprende de los otros grandes maestros sevillanos; pero
influenciado por mercaderes flamencos y genoveses residentes en la capital
andaluza y después de un viaje que realiza a Madrid en 1658 con el fin de
visitar las colecciones reales suelta su técnica y consigue mayor soltura,
ligereza y vaporosidad, y consigue un colorido más rico, más delicado,
características que nos maravillan de su período maduro. Destacaremos de sus
inicios las obras de la “Virgen del Rosario”, “La Sagrada familia del pajarito”,
“La Anunciación”, “La Adoración de los pastores”. Lienzos de una época ya
más madura son “San Francisco renunciando al mundo y abrazando al
Crucificado”, “Santo Tomás dando limosna”, “Santas Justa y Rufina con la
Giralda” y “La Virgen de la servilleta”. Obras que denuncian que se halla en la
cima de su arte son las que decoran la iglesia del Hospital de la Caridad: “El