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, XVII, 30, (2017). ISSN 1695-6214 © Ángel Santos Vaquero, 2017
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En 1839, cuando contaba 22 años, Zorrilla se casa con la viuda
Florentina O’Reilly, diez años mayor que él y que llevaba un hijo al matrimonio.
La pareja no duró mucho. Florentina era mujer muy celosa y como su marido
debía permanecer mucho tiempo, debido a sus éxitos teatrales, entre
bastidores, los celos la consumían. Para huir del infierno en que su casa se
había convertido, Zorrilla realizó diversos viajes por Francia e Inglaterra; pero
debido a su penosa situación económica se trasladó a Méjico en 1854, donde
pasó casi doce años, con uno entre medias de ellos en Cuba. Su existencia en
América fue posible gracias a la generosidad de amigos que le mantenían. Allí
coincidió con la revolución mejicana que entronizó a Maximiliano, quien otorgó
su amistad al poeta y le procuró un cargo para su sustento. La nostalgia de
España pudo con él y volvió con permiso del emperador mejicano, pensando
regresar a Méjico al cabo de un año, pero durante su ausencia los mejicanos
pusieron fin al Imperio y fusilaron a Maximiliano. Zorrilla escribió diversos
poemas en honor de su amigo y protector y atacando a los mejicanos, al papa
Pío IX, a Napoleón III y al emperador de Austria, a quienes culpaba del suceso.
Poco antes de su regreso de Méjico murió su esposa y él volvió a
casarse en 1869, esta vez con la actriz Juana Pacheco. Para su subsistencia
logró del Gobierno una misión en Italia (Roma, Bolonia y otras ciudades), por la
que se le encomendaba que determinara las propiedades y derechos de
España en las fundaciones que en ese país poseía nuestra nación y con los
datos obtenidos realizara una memoria. Marchó a Roma en 1871. Cobró
durante cinco años pero no realizó la tarea encargada. Volvió a España y, para
mantenerse, se dedicó a dar recitales poéticos por provincias. En 1885 tomó
posesión del sillón para el que fue elegido en 1848 en la Real Academia de la
Lengua Española, y leyó su discurso en verso. En 1889 fue coronado en
Granada como poeta nacional. Murió en Madrid el año 1893 a consecuencia de
un tumor cerebral.
Es el representante genuino del teatro romántico español del siglo XIX.
Para Zorrilla el teatro no debía representar la realidad sino un mundo