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, XVII, 30, (2017). ISSN 1695-6214 © Ángel Santos Vaquero, 2017
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medios agrícolas (equipos como arados, azadas y semillas, tales como trigo,
centeno, arroz, caña de azúcar, naranjos, olivos, vid) y ganaderos (caballos,
asnos, bueyes, cabras, ovejas…) con el fin de estimular y beneficiar el
desarrollo de los países descubiertos. También se remitían azogue, vino,
paños, artículos suntuarios. Es decir, el comercio fue incrementándose a
medida que se consolidaba y aumentaban las posibilidades de consumo de los
asentamientos y a la solicitud de productos coloniales por la metrópoli y
Europa. Y no sólo de mercancías, sino de personas. La cantidad de emigrantes
fue aumentando a medida que se desarrollaba la vida al estilo occidental en las
tierras conquistadas. Según estudios de investigación modernos, los buques
que partían de Sevilla y Cádiz lo hacían repletos de personas que buscaban un
mejor medio de vida en América.
No sólo se produjo un beneficio en los aspectos materiales, también la
cultura europea recibió una escalada y florecimiento. Crecieron los
conocimientos geográficos y la ciencias naturales al contacto con nuevas
tierras; la teología y la naturaleza del hombre dio un vuelco al comprobar la
existencia de seres con creencias y costumbres tan diferentes a las de los
europeos; la Historia amplió sus fronteras al tener que enfrentarse a un mundo
nuevo y desconocido, con hechos diferenciados y relaciones distintas; los
legisladores hubieron de afrontar nuevos retos dictaminando doctrinas, leyes
nuevas y armonizar las relaciones internacionales; la Literatura recibió un
impulso con las crónicas del Nuevo Mundo y los relatos de viajes, costumbres,
naturaleza, geografía…
En definitiva, nos hacemos eco de las palabras de J. Vicens Vives
cuando dice que “Castilla hizo historia” y que “hacer historia es muy difícil y
cuando una nación logra introducir una cuña en el denso cuerpo de la Historia
universal y poner allí su nombre, entonces puede decirse que tal nación ha
cumplido su destino”. [J. VICENS VIVES, Historia económica de España, 9ª
edición, Barcelona, 1972, p. 287]