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, XVIII, 32, (2018). ISSN 1695-6214 © Ángel Santos Vaquero, 2018
P á g i n a
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denominaba “Universidad”. Después los siguientes monarcas fueron
otorgándola diversos y diferentes privilegios, a lo que también contribuyeron
distintos papas, como Alejandro IV, quien publicó las bulas pontificias que
reconocían la validez universal de los grados otorgados por la universidad,
además de concederle el privilegio de tener sello propio. El prestigio de la
Universidad salmantina fue tan grande que, durante los siglos XV, XVI y XVII
atrajo estudiantes de todo lugar, ambiente y condición. Destacaron
extraordinarias mentes como la de fray Luis de León. Asimismo durante el
siglo XVIII –en especial durante el reinado de Carlos III– mantuvo un prestigio
extraordinario, en el que se constituyó en un foco de la Ilustración española, y
en el que se distinguieron extraordinarios profesores en las diversas materias,
entre los que destacaremos a Diego Muñoz-Torrero, quien alcanzaría alta
notoriedad en las Cortes de Cádiz y tendría un papel fundamental en la
elaboración de la primera Constitución Liberal de España.
La Universidad de Salamanca, que se había convertido en faro guía
para el resto de las universidades, vio entorpecida su labor de transformación
de los estudios clásicos en otros más acordes con una perspectiva más
moderna con la invasión de España por Napoleón y sobre todo, con la actitud
reaccionaria de Fernando VII. Más adelante, la puntilla se la dio la política
centralista del siglo XIX, con el Plan Pidal de 1845, por el que sólo podía
expedir títulos de doctor la Universidad Central de Madrid. Esta política se vio
rematada por la Ley de Instrucción Pública de 1857 (Ley Moyano). Un nueva
luz apareció en el horizonte con los proyectos de Ruiz Jiménez (1951): más
autonomía, menor control político, apertura a Europa, potestad de otorgar
nuevamente el título de doctor; pero fue efímera, el gobierno dictatorial de
Franco no podía permitir una mínima liberalización cultural y educativa, por lo
que Ruiz Jiménez, al ver rechazada su política aperturista, dimitió. El testigo