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, XVII, 30, (2017). ISSN 1695-6214 © Ángel Santos Vaquero, 2017
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cardenal Lorenzana, arzobispo de Toledo, ciclo de conferencias en el II
centenario de su muerte (1804-2004), Toledo, 2004, pp. 302-320]
Fue un erasmista convencido. Pensaba, como otros muchos en
España (Alfonso de Valdés, su hermano Juan, Alonso de Virués, el marqués de
Villena, el futuro cardenal Mendoza, el arzobispo de Toledo Alonso de
Fonseca, el Inquisidor General Alonso Manrique de Lara, Juan de Vergara…)
que los horizontes se ampliaban con las doctrinas de Erasmo. Los erasmistas
como auténticos humanistas (entre ellos Vives), no cuestionaban ni la doctrina
ni la jerarquía católica, sino sus métodos de enseñanza anticuados, en los que
se usaban métodos e interpretaciones arcaicas; la superchería esgrimida en
sus prácticas; la liturgia repetitiva y superficial; la falta de interioridad; la
negación de la voluntad y capacidad de pensamiento individual. Supieron
separar la ciencia profana, (la “humana”), de la teológica, considerando que
aquella merecía ser estudiada por sí misma, de manera autónoma y no sólo en
relación con la divina. Es decir, aunaban el espíritu crítico y científico a una
profunda religiosidad. Esta corriente intelectual, que en un tiempo adquirió en
España un fuerte impulso entre las élites culturales, fue decayendo en la Corte
española tras la caída en desgracia del inquisidor Manrique en 1529 y los
erasmistas fueron perseguidos acusados de luteranismo o iluminismo. Tal
ambiente de sobresalto se creó que muchas figuras huyeron al extranjero
(Pedro de Lerma, Francisco de Encinas, Rodrigo Manrique…). Este último, hijo
del Inquisidor General, refiriéndose al encarcelamiento de Juan de Vergara, le
decía en una carta a Vives: “Dices muy bien: nuestro país es una tierra de
envidia y soberbia; y puedes agregar: de barbarie. Pues de hoy en más, queda
fuera de duda que nadie podrá poseer allá cierta cultura sin hallarse lleno de
herejías, de errores, de taras judaicas. Así se ha impuesto silencio a los doctos;
en cuanto a los que corrían al llamado de la ciencia, se les ha inspirado, como
tú dices, un gran terror… En Alcalá se trata de extirpar completamente el
estudio del griego” [H. KAMEN, “Una sociedad conflictiva: España, 1469-1714,
Barcelona, 1996, p. 197]